lunes, 24 de octubre de 2011

NOTA PREVIA



ORIGEN DE LA OBRA

Este libro de la reproducción digital del publicado  en agosto de 2003 en edición artesanal y no venal por el autor, con las siguientes referencias

Autor:
José Luís Mingo Zapatero
Procedencia de las ilustraciones:
Archivos de Cristina Benedicto, Pilar Ojesto y Juan Ramón de Hoyos
Diseño e Impresión: Cristina Benedicto


DOS ADVERTENCIAS

Primera:
Del texto original  se han eliminado las ilustraciones y la reproducción  de las hojas manuscritas que, escritas día a día a lo largo del viaje, dieron origen al libro; asimismo, ha cambiado el tipo de letra y, con ello,  el número de paginas

Segunda:
Dado que solo existen dos ejemplares de la edición en papel de la obra, este libro  puede ser reproducido sin ningún  permiso previo con el ruego  siempre que se cite su procedencia.

ÍNDICE



DÍA I  9 DE AGOSTO DE 1993.  DE TORRELODONES A TÁNGER

DÍA II  10 DE AGOSTO DE 1993.  DE TÁNGER A FEZ

DÍA III 11 DE AGOSTO DE 1993.  FEZ

DÍA IV 12 DE AGOSTO DE 1993. DE FEZ A BENI-MELLAL

DÍA V 13 DE AGOSTO DE 1993. DE BENI-MELLAL A MARRAKECH

DÍA VI 14 DE AGOSTO DE 1993.  MARRAKECH

DÍA VII 15 DE AGOSTO DE 1993. POR EL ATLAS HASTA EL DESIERTO

DÍA VIII 16 DE AGOSTO. MARRAKECH

DÍA IX 17 DE AGOSTO DE 1993. DE MARRAKECH A RABAT

DÍA X 18 DE AGOSTO DE 1993. RABAT, TÁNGER Y CÁDIZ

DÍA XI 19 DE AGOSTO DE 1993 DE CÁDIZ A TORRELODONES

PROLOGO


Cumplir 60 años es muy importante,  y  que los cumpla Juan Ramón es, para nosotros, un tema muy relevante. Por eso, buscando la mejor forma de expresar nuestro cariño, tan profundo y tan largo en el tiempo, hemos pensado que la mejor forma de manifestar este afecto es editar, en forma de libro, las páginas escritas en agosto de 1993, durante el viaje a Marruecos que hicimos Cristina, Pilar y José Luís con Juan Ramón.
En este libro, se reflejan los hechos, las emociones, los sentimientos, la forma de pensar y la alegría de vivir de un viaje que recordaremos toda la vida.
Han pasado diez años desde que hicimos el viaje, casi once, desde el 7 de diciembre de 1992, fecha en la que decidimos recorrer Marruecos, como alternativa al sueño, por entonces imposible, de ir a Samarkanda.
Desde entonces han pasado muchas cosas, las normales del transcurrir de la vida. Y, en el camino, siempre nos ha acompañado, como una obligación no cumplida, el pequeño paquete de hojas manuscritas que ahora ve la luz, como regalo tardío de todos a Juan Ramón.
El texto de "Viaje a Marruecos" es trascripción del manuscrito que hemos guardado durante estos años, de las mismas páginas que leíamos cada noche en África, y que se incorpora, como pieza para el recuerdo, en este libro.
Las fotografías, pocas sin duda, son una selección mínima de los cientos que guardamos en viejos álbunes. Se incluyen para ayudar a la memoria a recordar cómo eran los lugares que visitamos y también cómo éramos nosotros en el transcurso del viaje.
Con el deseo de que sea para todos una fuente de alegría permanente, aquí termina el prólogo y comienza el libro.
En Torrelodones, en  agosto de 2003
José Luís Mingo Zapatero

DÍA I


9 DE AGOSTO DE 1993.  DE TORRELODONES A TÁNGER

A las seis de la mañana Pilar y Juan Ramón, con el coche a punto, muy despiertos, llenos de ilusión, Pilar con silencios y Juan Ramón tenso y preparado para conducir, llegan a casa de José Luís y Cristina.

Cristina está preparada, José Luís también. Todos suben al coche. Son las 6.03. Es de noche. El viaje, preparado durante meses, apenas lo creemos, ha comenzado, con las luces encendidas, salimos de Torrelodones.

14.00.- Algeciras, España. En el Ferry, sentados un instante, mientras Juan Ramón hace una larga cola en la cafetería, vemos los demás desatracar el barco. Atrás han quedado 800 kilómetros de autovía hasta Jerez de la Frontera, una parada a las dos horas escasas y otra para, llenos de dudas, llenar el depósito de gasolina (110 pesetas/litro) y comer, Pilar y José Luís una tostada y Juan Ramón y Cristina solo un café, en una gasolinera CEPSA/ELF en la que el gasolinero dice que a él le paga una empresa, "no concesionaria"; la carretera vacía que nos conduce a Los Barrios- 28 (?) Kilómetros de  termino municipal y a donde Juan Ramón hijo vendrá el jueves y que con un paisaje de montaña andaluza va acercándonos, vacía casi, hacia el destino de hoy, África. Algeciras antes de las 13.00, mala señalización del Ferry, preferencia en la entrada para europeos, los billetes en manos de Juan Ramón, ningún trámite de Policía... y en el Ferry, el primero que salía, rumbo a África.

23.00.- Dos horas más en España. En Tánger desde las 15.15. Trámites en la aduana, una carta verde para poder sacar el coche. El hotel regular, bien las partes comunes, mal las habitaciones. La cena no importa, realmente la tarde ha sido encantadora.

Un guía listo "nos ha ligado", Mohamed a las seis de la tarde nos hace recorrer la Medina de Tánger. Cuestas, olores peculiares, la tienda de alfombras con un vendedor que logra colocar a Pilar dos alfombras y, que, por la cara de amor y el tono de la voz merecían la compra de una tienda entera. Té con hierba buena, y no mas compras. Pagamos la guía, estamos cansados, un descanso tras la cena en el jardín (tipo turistas europeos a Benidorm) y a dormir. Muy contentos de nuestro primer día de viaje.

En resumen, una mañana en España, una comida en el Estrecho de Gibraltar, una tarde en Marruecos. El sueño de muchos meses ha comenzado a entrar en el recuerdo, y ha entrado bien.

DÍA II



10 DE AGOSTO DE 1993.  DE TÁNGER A FEZ

Las diez de la mañana Juan Ramón y José Luís han salido, después de desayunar, camino de la Medina. Cristina y Pilar han cruzado la calle y se han bañado en el mar. Casi dos horas de paseo por las calles de la Medina. Olores, fotografías, las mezquitas, el lugar de los castigos físicos, la muralla en el acantilado frente al mar, la casa del Consulado del Ecuador las fuentes de agua potable, los hornos de pan. No es claro si es miseria, pero sí lo es la pobreza y la falta de desarrollo en la Ciudad Internacional a 15 kilómetros de Europa. Se habla español y francés. No se usa ropa árabe apenas. Cuidan el coche, en la puerta del hotel 10 dirhan el servicio y la atención del Hotel bien en lo fundamental. De regreso del paseo y de la paya, una ducha con toallas conseguidas con esfuerzo las chicas, con sábanas de las camas los niños. ¿Cómo será el hotel de Fez?

Juan Ramón nos mete, con el pan recién comprado, en el coche, camino de Larache. José Luis lee la guía, Cristina mira el plano, Pilar descansa y Juan Ramón conduce con la maestría de quien conoce ya, bien, el espíritu del conductor africano (intermitente a la derecha, giro a la izquierda, te metes o no entras, y esquiva a cientos de coches franceses, cargados con todo, camino de hogares en tierras lejanas.

15.00. En las afueras de MEKNES.
Larache, después de Asila, una pequeña ciudad en la que no nos detenemos, es una ciudad "militar" pequeña y envejecida. Los sombrajos tienen más años que la salida de los españoles que fueron los últimos en pagar un poco de pintura. Juan Ramón conduce rápido, todavía está en el Norte. Pilar pasa ratos de angustia por la velocidad. José Luis quiere leer, en voz alta, la guía, y Cristina solo quiere escuchar lo relativo al próximo pueblo.

Desde Larache hasta la desviación de la carretera de Meknes y Fez los melones, sandias y limones junto a higos chumbos son compañía del viajero. Sin embargo, en un momento determinado, que coincide con nuestro deseo de comprar limones, estos desaparecen y nos conformamos con un melón y unos higos normales.

África se nos presenta en el cruce de las carreteras de Rabat y Fez. Muros de ladrillo protegen las casas. Agricultura en una buena carretera y zonas llenas de casi un desierto que aún es solo estepa.
A las dos de la tarde, en pleno calor, llegamos a Muley  Isdris, ciudad santa.


No podemos ver la mezquita, por ser Santa. Calor y escaleras en un pueblo blanco, lleno de maderas de cedro. Una plaza fea, en obras y sucia que recuerda a la de Chinchón. Los 3 dirhan para el chico que cuida el coche y la gran discusión porque le parece pequeña la propina, pagada por una excursión corta y caliente. Parece que el extranjero es digno de nada y sujeto de explotación. Cristina se enfada. Pilar está muy cansada. Juan Ramón corre por las cuestas. ¿ Valía la pena esta Ciudad Santa? A pesar de todo sí, es toda una experiencia.

N os dicen, y lo vemos, que Volúbulis, la ciudad romana está muy cerca. Sin una sola sombra. Hace mucho calor. Solo Cristina tiene un sombrero. A la salida de la ciudad, en una sombra, bajo un árbol, en un camino transitado por ovejas, algún lugareño y dos camiones, todos nos sentamos a comer. El vino de Rioja, los espárragos, la lata de algo, el pan que compramos en Tánger, los higos y el melón son un festín de gloría.

El café en un bonito hotel, con cuartos de baño limpios, una preciosa vista sobre la ciudad romana, buen servicio... y el guardacoches que nos tira la bolsa que contiene los restos de la comida. Son las 3 de la tarde. El calor es abrasador... y encima habiendo atravesado una carretera estrecha, con mal firme, riesgo de perder los bajos del coche, Pilar sufriendo, Juan Ramón avanzando cuidadoso y Cristina esperando que el camino termine pronto.

Desde el Hotel camino de Meknes, la carretera es buena, tranquila. y pronto nos sorprende una gran ciudad. Ciudad francesa, con casas con jardín en las que puede vivir cualquier europeo. Son las 5 de la tarde ya. Es otra etapa.
Las horas pasan y estamos entrando ya en el Marruecos real, en 10 que ya no es la costa y el Mediterráneo.
24.00. Hora de dormir en el Jnan Palace.
Meknes. Ciudad Santa. Casi 500.000 habitantes. Un Palacio Real, kilómetros de murallas interiores y exteriores. Viejas cuadras para 12.000 caballos de un rey que fundó la ciudad en el siglo XVII, 60.000 prisioneros trabajaron para hacer una ciudad a la medida de un rey que con 500 mujeres y 800 hijos admiraba al Rey Sol que le envió 4 relojes de los que 2 todavía dan la hora en la Mezquita.
Una ciudad antigua, otra nueva, además de la moderna. Abdull, estudiante de letras is1ámicas nos muestra su ciudad.
Universidad Islámica y Universidad Civil. 277 Mezquitas y torres verdes del Corán, con 3 o 5 bolas por los profetas Mahoma, Jesús y Moisés o por las horas de oración de los creyentes.
Palacios, calles concurridas, vida intensa en una ciudad beréber que vive de la artesanía y del campo. La lana viva y la lana muerta, las alfombras (volvemos a visitar otra tienda de alfombras), los bronces, la plata y el oro, la madera (olor a cedro) ... Todo lo vemos en la gran Medina, que en la ciudad dicen que es la mejor y menos turística de Marruecos.
Pero el color y el aroma vital está en el mercado de especias. Pilar compra una mezcla y Cristina se ilusiona con el cool para los ojos. 

Rechazan, sin embargo, y acaso por nuestra presencia la mezcla de especias que hace a la mujer tener, un rato, un hombre activo y hambriento de su existencia.
El encanto de la ciudad y sus olores llena los ojos de los cuatro visitantes que no sienten ilusión alguna por cruzar palabra con otros españoles que se cruzan en las cuadras de techos derruidos desde el terremoto de Lisboa en 1710.
Los camaleones tientan a Juan Ramón y a Cristina. Cambian de color según las especias que les rodean. Las mujeres usan ropa típica y europea. Pocos rostros velados. Nadie orando a la puesta del sol.
En la puerta de la Mezquita, muy hermosa, los aguadores. En las fotografías no veremos la furia del hombre que reclamaba doble precio por su imagen, ni la resistencia de Cristina a pagar lo que tenía su distinto precio. El recuerdo de Meknes será una caja de madera de pino y un bol de olivo (¿Será olivo?), Para las ensaladas. Pero esto no será sino el recuerdo que animará los recuerdos que las fotografías y el vídeo no pueden contener de una cultura distinta y próxima.
A Juan Ramón no le gusta conducir en la noche. Abdull fue concienzudo, con su cojera, se ganó su soldada y dio satisfacción al cliente arrancado por una pregunta, en un semáforo de la ciudad moderna, desde una motocicleta a un automóvil español. Curioso, el guía no entra, con nosotros en la Gran Mezquita, la única que se puede visitar, por los paganos, en el reino alauita.
Y carretera. 40 kilómetros difíciles por el tráfico y por las sensaciones encontradas. ¿El hotel es el de la guía? ¿El hotel será...? En realidad el hotel no importa, aunque estamos cansados y una habitación buena es el anhelo de los viajeros plenos de emociones.
La entrada en Fez es larga. Inmensa de luces. Una ciudad amplia. Grandes avenidas en la entrada. Coches europeos. Bulevares. El Hotel. Es el hotel en el que hoy escribo. Duchas, cambio de ropa. Es estar, otra vez en occidente con mezcla de oriente. La cena internacional. Vino, camareras, servicio atento en un marco de estucos, celosías, alfombras y la hospitalidad de oriente.
Al entrar Pilar llama a sus hijos, José Luis habla con sus hijas. Todo va bien en Torrelodones. Es la garantía de poder seguir disfrutando un viaje que ya ha cobrado, en su segundo día, todo el sentido. Es cada vez más la satisfacción de haber elegido un buen viaje en el verano del 93.
En resumen: Viaje largo de carretera, cambios crecientes hasta entrar en África. La sorpresa de dos grandes ciudades. Un pueblo español que se perdió en el tiempo, una ciudad romana que se recupera del pasado para ser nada, una gran Medina encerrada y viva en una ciudad que es ya otra cosa, en la que la vida es probablemente ya para una gran parte de su población mas parecida a la nuestra que a la de los mercaderes que venden la artesanía de la región. La lana de las alfombras marroquíes es ya lana merina de Australia. Tenemos suerte de haber visto Meknes cuando todavía existe.

DÍA III



11 DE AGOSTO DE 1993.  FEZ

Es por la tarde. Mi sensación es de "hora de la siesta". Mis tres compañeros duermen y se preparan para culminar el día 3. Pero yo escribo unas notas para unir, como referencia a las fotografías y al vídeo. "Hagan fotos" dicen los guías antes de explicar, posiblemente saben que es importante acumulas los recuerdos en el papel Kodak.

Dormir en el Jnan, despertar y volver a ver, en la bajada al desayuno, que estas en Fez, es placentero.

Desayuno solo. Como siempre en cualquier hotel, aunque la diferencia aquí es que hay dulces típicos bañados en miel. Voces en francés, italiano, español y poco inglés. Contra lo que sucedía en el hotel de Tánger, aquí no hay marroquíes veraneando.

Bajan luego Juan Ramón y Pilar, y más tarde se reincorpora, para su segundo café Cristina, mientras yo inicio estas notas de viaje.

A las 10 hemos hecho el plan de la mañana. A las 10.05 ya lo hemos cambiado. Estamos en Marruecos. De salir solos caminando, a salir con guía contratado y en coche.

Cristina tenía razón, estábamos pagando doble de precio al guía. Este es "oficie" y solo por 50 dirhan.

Viaje en coche. Palacio del Rey. Se ve desde fuera. Puertas de bronce, muy hermosas. La avenida que aproxima al palacio recuerda los Campos Elíseos casi a la altura del Arco del Triunfo en París. Murallas, cementerios de hombres santos y de personas normales, sin tapias, con tumbas antiguas y nuevas; varios asnos aprovechan el poco pasto de las partes más antiguas del cementerio próximo al Hospital de la Muralla. La medina, mas de 300.000 personas dicen, de una ciudad mayor que Sevilla (1.700.000 habitantes), parece en silencio desde las alturas.

Mohamed, el nuevo guía va rápido. Parece que en dos horas nos va a mostrar los miles de callejas de la Medina mayor de Marruecos.

Cedros olorosos en nuestra entrada, el barrio de los carpinteros. Tiendecitas de especias y comidas (20 dirhan en dátiles que luego reparto de dos en dos a cada niño que viene a pedir o a vender algo), la zona de los andaluces, y de los judíos. Baldes de cobre o bronce para cocinar en las bodas. Velones como los españoles, es tan parecido el bronce... tiendas de cerámica en las que los precios y el estilo de comercio hace difícil saber que es o no es bueno y acertar en el precio un milagro.

Las cererías, con velas de múltiples colores, para los devotos que llegan a la Gran Mezquita. Vemos desde fuera las maravillas de un pueblo viejo que gastó en religión los olores de muchas vidas.

Los carretes de fotografías se han terminado. Mohamed nos hace reponerlos en la tienda de un "amigo honrado". Creo que la base del negocio de los guías es la comisión de los clientes que las visitan. Plazuelas, calles estrechas llenas de actividad, asnos cargados con múltiples paquetes, chiquillos que piden y que tienen las bocas llenas de canes.

Pilar quiere comprar un sombrero. José Luis también tiene la misma aspiración. Hoy no han comprado sombreros.

La visita más importante es a la tienda de alfombras, pero antes subimos a la de cueros. Desde una terraza se distinguen las tinas profundas y mal olientes, de los curtidores. Es un olor que tenía mas que olvidado desde 1969 cuando lo experimenté en la fábrica de curtidos para el ejército boliviano. N o nos compramos nada. Los productos no son atractivos. Luego, Pilar ha pensado en comprar unos bolsos para sus hijas, en Marrakech será.


Las alfombras. Modernas, antiguas, de uno, de muchos colores. Verdes, azules, beréberes, de Fez... AI final la compra en una cooperativa en la que el comerciante ha tentado varias veces el trasero de Cristina. Pago con visa.

Un anticuario que pretende vender 10 no vendible. Una tienda de bordados con dos niñas que hacen manteles parecidos a los de Talavera y donde Pilar compra un plato de cerámica para su terraza.

Calor, mucho calor. Y compramos un pan para comer en el hotel. Bueno y gran hotel en el que la piscina tiene agua que abrasa y en la que salir a 50 o hace sentir frío. Baño corto, comida de España con vino de Rioja a las cinco de la tarde local, las siete en España. Y esto tras la duda de cenar, o cenar incluso, en un restaurante marroquí.

Cristina y Juan Ramón, los dos iguales, hablan de cambios de moneda, del plan de la tarde. Pilar escucha y José Luis recoge los pensamientos que ya son de vacaciones, en el tercer día, para dejar constancia y seguir disfrutando del viaje a Marruecos.

24.00.- Luego de la siesta, a las siete de la tarde, tras una discusión en la que José Luis defiende dar un paseo y sentarse en una terraza de una avenida concurrida, salimos del Hotel. Todos resplandecientes, bien vestidos, con ropa limpia, colorete y buen olor, entramos en el coche. El coche huele mal, y no es por la basura que nos acompaña hasta un cubo próximo al hotel, es por algo que se había estropeado o, mejor dicho, por el olor a las especias que compró Pilar. El paseo dura poco, tres calles, una avenida preciosa y amplia en la que la luz se apaga en el momento en que llegamos, no quieren sentarse en la terraza de la calle y regresamos al Hotel.

Sentados en el jardín, entre adelfas, palmeras, gitanillas, plumeros y otras plantas, releemos estas notas y me añaden algunos temas no reflejados todavía. y así, solo interrumpidos para dar un sorbo de las gin-tonic, la tónica y la coca-cola, me recuerdan:

·        Que para entrar en la mezquita esta mañana los creyentes retrasados empujaban fuerte.

·        Que hemos comprado unas ropas preciosas para Pilar y José Luis, a un precio disparatado según Cristina y razonable según los interesados.

·        Que en la tienda de alfombras nos han dado bastantes vasos de te, con y sin azúcar.

·        Que el Hotel, enorme, hay bombillas de bajo consumo y que estamos sentados en unas sillas de jardín como las que quiere Cristina y que se fabrican en Zaragoza.

·        Que hay baños turcos en todos los barrios y que los calientan con carbón o leña.

Y así, escuchamos las voces de oración del mujahidin ... y pasamos a cenar.

Cena larga, con vino, en una mesa que suena al apoyarnos, la comida picante. El pescado solo lo come Juan Ramón que casi se traga una espina y el pollo de José Luis que pica y está bueno. Es una comida para quien no tiene almorranas.

En el hotel somos no muchos clientes, hay dos mesas con españoles. y somos ya tan civilizados que pasamos con un "buenas noches" ... como hace veinte años.

A la cama a las 11.00, yo veo la televisión y disfruto "El gran golpe", entre las quejas de Cristina que al fin se duerme. Pilar, mientras tanto, veía las estrellas fugaces.

Resumen: Un día lleno de todo. Luz, aromas, caminar rápido, con los ojos sorprendidos del conjunto que existe en esta ciudad asombrosa y antigua.

Creo que la medina vivirá lo que viva, pero la ciudad ya ha dejado de serlo. Que bueno es haber visto el siglo XV antes de que se termine.

DÍA IV



12 DE AGOSTO DE 1993. DE FEZ A BENI-MELLAL

Un día vacío que se ha llenado, hasta el borde, al final, de pequeñas cosas. 

Salir de Fez ha sido áspero. Mi despertador sonó a las 8.00, hora de España. Cristina se levanta airada, desayuna sola, consigue el fiambre, come bien y alegra un poco la cara. 

Juan Ramón habla por teléfono. Pilar olvida las cosas, ¿qué olvida?

Las maletas caben bien en el coche, pero la colocación cuesta, ente otras cosas porque se inicia en el aparcamiento, sin maletas, y termina bajo la marquesina del hotel y la mirada, nada curiosa de los botones. El plano de la ciudad está en la maleta, busco el segundo, para que lo vea Juan Ramón, que ladra y comienza a comer nudillos (los dedos ya no existen esta mañana).

Al final tomamos la carretera de Ifrane con el deposito de la gasolina lleno. El agua, el vino y el queso (deforme), bajo mis pies. En el coche solo nos acompaña durante un rato una mosca, que sustituye al guía del hotel que Cristina no ha aceptado para enseñarnos el camino.

La salida de Fez es la de una gran ciudad europea. Es, hasta más allá de Ifrane, el camino hasta Cercedilla de hace 30 años.
Ifrane tiene la residencia del Rey. Magnífica por fuera y por dentro, supongo, será mucho mejor. Un pueblo de la sierra para "gente normal" de España en 1970. Árboles preciosos, agua, vestidos europeos...
Y avanzamos hacia Azrou. Pilar viaja en silencio, está perdida en sus reflexiones. Cristina y Juan Ramón discuten y me explican repetidas veces por donde vamos a ir a ver los cedros gigantes. Al final, luego de confundirse, aunque solo por 5 Kilómetros, podemos ver unos bosques de cedros que conservaremos en la memoria gracias a las fotografías.
Bien es verdad que en el camino hemos visto un bosque de encinas y en una curva que paramos, nos han salido vendedores fantasmas de pieles falsas, que crea el preludio de muchos kilómetros de puestos en los que venden piedras del Atlas.
En Azrou, ¿la una de la tarde? compramos pan, un melón y cuatro melocotones. A Cristina le parecen caros, a Juan Ramón normal y tan contentos. Pilar pregunta por cuarta vez si queremos que conduzca, luego vuelve al silencio.
Kilómetros de bosques, de llanuras, de campos cultivados, de zonas mineras. Viento.

Llegamos a Mirirt. Una población inmensa de mercaderes en tiendas de campaña. Viento caliente. Podrían venir ejércitos de enemigos con alfanjes entre la no arena y el sí descampado. Me hubiera gustado ver el mercado, se cierran en que no y ponen los seguros a las puertas del coche. N os cuesta casi media hora atravesar una ciudad, una calle, tan llena como Preciados cuando era Preciados. Juan Ramón lucha por conseguir fotografías, al fin obtiene algunas, de personas que luego, tras cruzar la calle, se esconde entre los sopórtales, todos iguales, de las casas. Hay mujeres con el rostro tapado. 

Silencios, kilómetros y kilómetros de nada, que cuando aparece el verde se llenan de niños y asnos, ovejas y gente.

Kenifra. Un pueblo rojo, en tierras rojas. Sus minaretes, sus gentes. Aquí dicen que no hay población, pero es seguro que está lleno de gentes. Y Marruecos está vivo.

Mas distancias, buscamos un lugar para comer, pero donde hay sombras hay gente. Es como la búsqueda de los limones del día 2. Al final bajo un sombrajo nos paramos a comer.

Una niña nos ofrece un plato con higos. "La expulsamos" y se mete en nuestra conciencia, para toda la vida quizá, con sus ojos limpios, y su dolor en la mirada. ¿Cómo reparar el dolor causado? ¿Será verdad que hemos causado dolor?

Pilar apenas come. Juan Ramón organiza bien. Cristina está expresiva y no encuentra, tampoco la forma de sentarse.
A pocos kilómetros un hotel en Kasba-Taola. Entrego la basura al camarero, al que Cristina da propina generosa. Discutimos la continuación del viaje. Juan Ramón, le ha crecido los dedos en los últimos minutos, se queja por décima vez por no haber visitado unas cascadas y lucha con Cristina, ante el silencio de los otros viajeros, por ir a Boujad. Como es natural seguimos por la carretera, camino del destino del día. 

Pero visitamos antes el pueblo, un bonito parque, chiquillos que cuidan el coche y se comen los caramelos. Juan Ramón lucha con su hiperactividad haciendo tomas y fotos de los sitios más insospechados, para que luego nosotros las disfrutemos.

Beni-Mellal. Un grato hotel. La piscina deliciosa. Juan Ramón estrena la botella de alcohol, hubiera querido dar un paseo pero no puede movernos a los demás. 

Manolo y Aldo, murcianos dedicados al negocio agrícola, nos cuentan sus experiencias marroquíes. Aconsejan viajar a Agadir. Se quejan de Felipe y de la economía. Tienen una vida dura. Los clientes, los impuestos, los impagados. Juan Ramón recuerda su llamada de teléfono.

La cena normal. José Luis usa un plato de barro, con tapa de barro, para estrenar con especias y picante, sin orujo, una noche larga.

Las habitaciones, con dos camas y limpias, muy agradables, tiene aire acondicionado, que Cristina y Juan Ramón quitan, y dan a la piscina. Dice Cristina que recuerdan Piedralaves.

En resumen, un día largo, lleno de cansancio acumulado y, pese a todo, pleno de aventuras y recuerdos para el mañana.

Creo que el día 5, preparado por el 4, será un muy buen día.